No creo en olvidar como si desandar la noche, como si ignorar deliberadamente la erosión que la vida nos causa, la desnudez que se aposenta en los huesos, del mismo modo en que se enciende una pobreza al interior del ojo de una flama.
A todos nos ocurre la fractura del mundo, el tiempo como un cáncer hambriento de sí mismo. Tenemos tristezas ordinarias, domingos suspendidos, ausencias estatuarias a fuerza de pensarlas.
Yo creo en olvidar como si desandar la noche; como si respirar por vez primera en todos los espacios mancillados; como si reparar, así por accidente, en que no se es sino una observación sin predicciones inmediatas, una circunstancia, a veces delirante, pero, a final de cuentas, como cualquier otra.
A todos nos ocurre la fractura del mundo, el tiempo como un cáncer hambriento de sí mismo. Tenemos tristezas ordinarias, domingos suspendidos, ausencias estatuarias a fuerza de pensarlas.
Yo creo en olvidar como si desandar la noche; como si respirar por vez primera en todos los espacios mancillados; como si reparar, así por accidente, en que no se es sino una observación sin predicciones inmediatas, una circunstancia, a veces delirante, pero, a final de cuentas, como cualquier otra.

