viernes, 26 de diciembre de 2008

diciembre

Pensé que había incendiado todos mis navíos pero ayer contestatuteléfono y terminaréstasituacionesporti me indicaron que ahí ocurría un evento, acabaron con mi pretendida decisión. Hoy pasaré el día especulando sobre aquello que te gustaría que yo llevara en mi maleta. Después de todos estos años y de los meses posteriores, tuve ganas de preguntarte en qué me parezco a tu madre, a la que quieres tanto. Luego recordé esa conversación con ella, también al teléfono, en la que hablaba de recomendarte que fueras prudente y de que porelamordedios pudiéramos convencerte de comer balanceado, ir con el médico y ponerte crema en las manos. Que la vida había destinado otro fuego a tu cuidado, me dijo. Ahora tú y yo no planeamos buscar a tu padre, a quien sabemos muerto, pero me da gusto contarte que yo he comenzado a recuperar al mío y que, a veces, también él me nombra pajarito. Que has tenido unos días terribles; que la muerte y el frío han invadido la ciudad y a los amigos; que, para protegerte, opones un espejo a la luz de la ráfaga; que no tiene sentido rasgarnos aparte. Hacemos que lo sabemos todo, hebreíto, lo celebramos todo con la voz rota porque, después del derrumbe, parece que diciembre sigue siendo nuestro.