Y que pronuncio que me enciendo, que hace falta, que la necesidad. Que él me lee, me conoce, me percibe. Que piensa y escribe como un incendiario. Que hablamos de aprender a arder. Que le declaro que deseo dedicarme a la obscenidad o al ascetismo. Que él ya sabe que soy una obsesa. Que hablamos de fornicar la voluntad, las experiencias, las consideraciones que sobre esas experiencias hacen aquellos que podríamos visualizar para la permanencia. Que le confieso que quiero alimentarlo, nutrirlo. Que tenemos intención de fundar ciudad “Broma” y conspirar contra el mundo. Que, nuevamente, porque me obsesiona, Marguerite Duràs, y esa declaración de que la madre invariablemente representa la locura. Que su madre y la mía, antes que eso. Que lo ordinario, lo atisbado y lo corrupto. Que aquello que acribilla, penetra, incrusta, atornilla y duele. Que, “si no duele, no sirve”. Que, para servir, debe existir rigor y disciplina. Que el rigor lo domina todo. Que la violencia de la pornografía que, sin embargo, cultivamos en lo privado y evitamos en lo intelectual. Que la violencia verdadera es más inteligente, más audaz y más íntima porque emplea el mecanismo de la lucidez y del secreto. Que el secreto de tres cuerpos trenzados que le describo inflama sus miembros. Que mi compulsión por la ropa limpia, a la par que los misterios del Espíritu Santo y los concilios en los espacios del mal. Que insultarnos dulcemente, que sumirnos en el silencio. Que el silencio, que el silencio, que el silencio…
sábado 15 de mayo de 2010
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3 malabares:
Esto me recuerda algo.
Indeed.
Pues ya escribe algo Yoquita, aunque sea una circunstancia como cualquier otra: soñé contigo.
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